Archivo de la categoría ‘Cuestiones domesticas’
Doble chichón
Empiezas vacaciones y empiezas a sufrir doblemente: que coman, que no se caigan, que no se aburran, que obedezcan, que nos dejen descansar… y en medio de los Pirineos y sin la rutina diaria también tienes tiempo para pensar y conversar con tu mujer. Hablamos de los límites, de los castigos, de la motivación, el premio.
De los mellizos que tenemos, hay uno que habla mucho pero que mucho (a veces demasiado): es un “lengua suelta”. Y el otro, que es muy y muy ágil y movido: es un “culo inquieto”. Incentivas al movido a hablar, le preguntas por los colores de las cosas, por lo que ha hecho, e intentas que no conteste su hermano. A veces lo consigues y crees que lo has sabido motivar.
Después es el turno del “lengua suelta”, un niño más “quieto”, que no significa un “niño quieto”, sino que quizás no salta y escala tanto como su hermano. Cuando “culo inquieto” salta tres escalones, le felicitas y le dices a “lengua suelta” que él quizás mejor salte solo dos. Le animas a hacerlo y cuando lo consigue le felicitas y ríe contento. A veces es su hermano quien le ayuda a superar los límites, consciente que “lengua suelta” no es tan ágil como él.
Por la noche, hablamos con mi mujer sobre los límites que les ponemos a uno y al otro, discutimos sobre el “no lo hagas” y el “tú no puedes”, que decimos inconscientemente ante cada nuevo reto.
Y con toda esta charla pedagógica, volvemos a casa, y en uno de los últimos saltos, “culo inquieto” casi se da un golpe al saltar de un banco. “Lengua suelta” también quiere saltar, le vas a decir que le ayudas a hacerlo, pero recuerdas la charla sobre los límites, callas y piensas que sí que lo puede hacer. Y lo hace. Pero acaba con la cabeza al suelo y un buen chichón en la frente: nuestro primer chichón.
Y a los lloros de la pobre criatura, se suman los de tu propia culpabilidad y los nervios de encontrar la crema antiinflamatoria y el Dalsy. Y cuando el niño, con un buen chichón azul en la frente, empieza a quedarse dormido en tus brazos, tu empiezas a temer lo peor: una lesión interna, un coma…
Suerte que tu mujer, que de niña era un buen “culo inquieto” y sufrió todo tipo de chichones, golpes y arañazos, y te tranquiliza.
Y ahora que ya han pasado 24 horas del incidente, que ya has superado el síndrome de culpabilidad, continuas pidiendo una “pequeña baja” como madre de mellizos, mientras uno escala por donde puede y el otro intenta saltar un tercer peldaño.
Buenas vacaciones, nos reencontramos en setiembre.
¿Quien más vive en casa?
Estos días preparamos la despedida de la guardería, para empezar una nueva etapa en el centro de educación infantil. Cuando hace dos años matriculamos a los niños en la guardería, nos presentamos las dos a la reunión y quedó bien claro, sin tener que explicitarlo, que nuestros hijos tenían dos madres. Meses más tarde, “afinando la puntería”, vimos que en la clase de nuestros hijos había otra niña que también tenía dos mamás. En la guardería se vivía con tal normalidad, que nadie pensó en comentárnoslo. O quizás es que a la edad de 0 a 3 años, la vida es más simple y no hace falta etiquetar la realidad. La verdad es que este año nuestros hijos han empezado a explicar a sus compañeros que ellos tienen una mama y una mami.
En la nueva etapa que empezamos, volvemos a salir del armario en cada reunión. Al entregar los papeles de la matrícula, a nadie se le escapa que aparecen dos nombres de mujer allá donde se lee progenitor o tutor. Lo que no se explica tan bien es cómo han llegado estos niños a nuestra casa.
En la primera reunión, el atento y exhausto maestro encargado de entrevistar a los padres, al vernos a las dos esperando turno, pensó que éramos las madres (por separado) de los dos últimos niños de la lista. Tras leer los apellidos, debió recordar que éramos las madres lesbianas, y ya en el turno de preguntas, puso la guinda al afirmar tranquilamente que eran adoptados. Nuestra respuesta lo descolocó: no son de reproducción asistida. Entonces, para acabarlo de rematar, pregunta: ¿Quién más vive en casa?
Un mes después, en otra de las reuniones, y ya hablando directamente con la directora del centro, nos comenta que nunca habían tenido un caso como el nuestro. Hubo un niño con una madre lesbiana, pero no se habían encontrado todavía con una familia de dos madres. Nos ofrecemos a colaborar y a aportar los materiales necesarios para tratar el tema, tanto en las clases de nuestros hijos, como en las de los otros cursos.
Ya veremos cómo evoluciona todo. En setiembre conoceremos a las maestras. Una cosa esta clara, nuestros mellizos no serán los únicos. Este año en su curso hay tres parejas más de mellizos. Quizás la reproducción asistida, como se ha hecho con la adopción, debería entrar en el temario pronto. Las familias lesbianas no somos las únicas que nacemos, crecemos y nos reproducimos asistidamente.
La lluna, la pruna y las mamás también
Hoy empiezo el post con la intención que lo continúes tu.
¿Has reflexionado alguna vez en las canciones que le cantas o cantabas a tu hijo/a? ¿Cual de ellas te gustaba? ¿Por qué?
Nosotras tenemos dos canciones favoritas, en catalán. Una empieza: “amb el nostre vaixell, un-dos-tres, no tenim por de res… i si venen les tempestes, no tenim por de res”. Nos gusta porque es una canción que crea equipo. La otra canción favorita, la top number one es una versión de “La lluna i la pruna”, totalmente adaptable a cualquier realidad familiar. Nuestros hijos se la han apropiado y la cantan incluso en la guardería con los compañeros.
“La lluna, la pruna i el sol matiner
La mama, t’estima
La mami, també”
Sobre mellizos o gemelos
El milagro de la reproducción asistida hace que muchas de las parejas homosexuales que nos decidimos a vivir la maternidad/paternidad biológica acabemos con partos múltiples de dos bebés. Los casos de trillizos son menos comunes. Suelen ser mellizos (gemelos bivitelinos) que provienen de óvulos diferentes y que por tanto no tienen un ADN idéntico. No entraré en el tema de si se forman en una misma bolsa, en dos o si la bolsa se recicla. Hubo un tiempo durante mi embarazo que lo tenía bastante claro, pero creo que la neurona que hacía posible el razonamiento, tras el parto, no superó la segunda noche sin dormir.
Y éste es un debate que, cuando las criaturas son todavía bebés, estableces en lugares tan poco oportunos como en la cola de la panadería o cuando estás a punto de cruzar la calle. Cuando todavía circulas con el cochecito, la gente se queda mirando a tu par de repollos, como si buscaran las 7 diferencias. Y entonces empiezan con aquello de “como se parecen” o “no se parecen en nada”, o el comentario en el top numero 1, “éste tan rubio y blanquito se debe parecer al padre”. I tu reflexionas una milésima de segundo y valoras si sacar la bandera reivindicativa y decir que se parece a su otra madre. Pero finalmente optas por decir la verdad, “que es igual que su abuela”, y cruzas rápidamente la calle antes de entrar en un laberinto de explicaciones del que no sabes bien como saldrías.
Cuando las criaturas ya hace meses que corren solas por el mundo y manifiestan públicamente su carácter, entras en la segunda fase del juego de las diferencias. Entonces juegas con ventaja.
Puedes optar por vestirlos iguales, aunque físicamente no se parezcan. O puedes optar por escoger cada día dos conjuntitos bien diferentes para marcar su individualidad. La verdad es que vistiéndolos iguales te ahorras tener que conjuntar dos veces camiseta con pantalón. Tienes bien controladas las lavadoras y te facilitas el recuento del armario: sabes que si tienes tres conjuntos dobles limpios, salvo contratiempos, tienes tres días de ropa solucionados. Y sobre todo, cuando empiezan a tener su propio criterio, te ahorras que te digan que se quieren poner la camiseta de su gemelo, te ahorras la discusión y que la criatura salga de casa con un pantalón rojo y una camiseta naranja.
Lo cierto es que yo prefiero vestirlos diferentes, porque nuestros mellizos lo único que tienen igual son los apellidos. Y porque también, tengo que reconocer, aprovecho muchas ofertas 2×1 y me cuesta encontrar dos conjuntos iguales de la misma talla. Así es el armario de los partos múltiples…
La mami que t’ha matriculat
La primera pregunta que ens fan a les famílies homoparentals, quan hi ha confiança, és: “i com us anomenen?”. I la segona, que no s’atreveixen a dir, és “qui l’ha parit?”. Tot sovint nosaltres, fent broma i per contestar les dues preguntes alhora, diem que una és “la mama que l’ha parit” i l’altra “la mami que l’ha matriculat”.
Quan estava embarassada no li donava gaire importància als noms, pensava que ja ho decidirien els nens. Tot i així unes amigues em van fer adonar que ens anomenarien amb el nom que utilitzéssim nosaltres. Va ser llavors quan, abans del neixament dels bessons, jo em vaig convertir en mama, i la meva dona, en mami. D’altres famílies utilitzen papa o mama seguit del nom propi.
Em vaig adonar de la importància que té el vocabulari que decidim utilitzar i com definim les coses. Com qualsevol altra família, els nostres fills (si més no, durant uns anys) veuran el món tal com el veiem nosaltres i sobretot, tal com el definim nosaltres, amb les paraules que escollim i també amb les que callem.
Segurament els nostres fills sentiran paraules com lesbiana, gai o homosexual molt abans que els seus companys de classe, perquè és part de la seva realitat familiar, independentment de la seva futura orientació sexual. També els haurem d’explicar que bollera, maricón,m sarasa, “marimatxo” i els seus múltiples usos socials. Aquí ja entraran les contradiccions i consideracions personals de cadascú sobre la definició o utilització de la paraula i la homofobia que haguem interioritzat. Hi ha lesbianes que no els agrada la paraula bollo, i d’altres l’utilitzem en comentaris humorístics quan estem amb persones del col·lectiu. De la mateixa manera que entre gais hi ha qui li agrada fer broma tot utilitzant el femení per referir-se a un amic gai, i d’altres que no suporten “tanta pluma”.
Pluma! Una altra paraula que els nostres nens possiblement coneixeran abans, i caldrà veure si també la sabran detectar tant bé com ho fem les seves mares.. així sabrem si es tracta d’un sisè sentit après o innat.
Us deixo una cita d’en Harvey Milk, “si m’hagués de girar cada vegada que algú em crida Maricón, hauria de caminar cap enrere, i no em dóna la gana de caminar cap enrere”.
¿En qué te fijas?
Me doy cuenta que cuando me encuentro con otra familia homoparental, me acerco más que a las heterosexuales, por endogamia supongo, pero también por curiosidad. Me gusta ver como se organizan, cómo interactúan. ¿Te pasa lo mismo? ¿O es mi deformación profesional?
En breve estrenaré espacio en un portal catalán sobre padres, madres e hijos/as, con un público generalista y hace días que le doy vueltas al tema para decidir los temas sobre los que escribir y como tratarlos. Las homparentales somos diferentes, aunque tampoco tanto. Somos tan “novedosas” que generamos curiosidad incluso en el mismo colectivo.
¿Donde está tu hermana?
La lógica de los niños nos supera. Casi todas las tardes vamos las dos (mama y mami) a buscar a los niños a la guardería y nos quedamos un rato jugando en el parque con algunos de los compañeros de juegos de los niños. La semana pasada fui algunas tardes sola a recogerlos, pero seguimos con la misma rutina. Y el segundo día que aparezco sola, Irina, una niña de dos años y medio, me pregunta: “¿Donde está tu hermana?”, refiriéndose a Montse. Me quedé descolocada, le contesté: “¿qué hermana? la mami de Arnau y Enric está trabajando”. La madre de la niña puso cara de “con que historia sale ésta ahora”.
Al día siguiente se lo comenté a la “seño” de los tres niños y me explicó que hasta que no son algo más mayores les cuesta entender las relaciones de parentesco. En aquel momento, con un ojo en Arnau a punto de cruzar la calle solo y con la otra oreja en el discurso de Enric, yo tampoco entendí la relación de una cosa con la otra.
Así que esta mañana hemos llevado el libro “Ana y los patos”, para que explicaran el cuento en clase: las mamas de Ana le regalan un huevo para que sus dos patos machos puedan formar una familia, y resulta que el huevo era de gallina y en vez de tener un patito tienen un pollito.
Y lo más importante de la historia a los ojos de un niño de dos años y cuatro meses ha sido el pollito. Esta tarde, Enric ha salido contento de la guardería, con el libro en las manos, explicándome que les habían contado el cuento del pollito.
Supongo que el próximo curso, las preguntas y las respuestas de unos y otros serán diferentes.
¿Qué cuentos me cuentas?
Cada trimestre intento comprar un libro de cuentos nuevo a los niños, pero me cuesta encontrar cuentos e historias no sexistas y sin amenazas, donde los protagonistas no pierdan o maten a su mama o papá. Hubo una época en que hacia adaptaciones homoparentales de los cuentos clásicos, así la Blancanieves, que era tan guapa como mama, se enamoraba de una princesa casi casi tan guapa como mami. Pero pensé que cuando los niños escucharan el cuento de otra boca, se les descuadrarían las historias. Ademas dentro de poco ya diran que ni mama ni mami eran más guapas que Blancanieves…
Así que opté por la pequeña oferta de cuentos que tratan la diversidad familiar.
Aún así y pese a mis esfuerzos, nuestros niños prefieren el cuento de los tres cerditos. Donde haya un buen lobo, que se quiten reyes, princesas y patos.
Os dejo unas recomendaciones sobre cuentos homoparentales para este Sant Jordi.
Rey y Rey de Linda de Haan y Stern Nijland
Un clásico adaptado, la reina quiere casar al príncipe…
Ana y los patos de Manuel R. Lorenzo / Bernardo Erlich,
Sobre la adopción en una familia de dos mamas.
Y nuestro héroe familiar, las historias de Manu. Lástima que no hayan más capítulos.
La fina frontera de la homofobia
Esta semana tengo lumbago y tuve que visitar de urgencias a la fisioterapeuta. No me pudo atender la masajista de siempre y me tocó otra chica que no conocía, muy agradable y parlanchina. Y hablando y hablando sobre el cómo de la lumbalgia, explicas que en el trabajo cargas con los 20 quilos del equipo a cuestas, que tienes mellizos de dos años, etc…
La conversación prosigue hablando cada cual de sus retoños, cita a su marido y al mío, y los comentarios nos llevan a hablar de la adolescencia, que si la discoteca, el sexo, los embarazos, la educación que inculcan los padres. Y en un momento la tan agradable chica suelta “mientras no sean homosexuales, porque eso no lo queremos”. Y yo, relajada por el masaje, me quedo con cara de tonta y en el medio segundo siguiente pienso, “¿y a ésta que le digo ahora? ¿que a mi mujer no le importaria?”. Pero no, lo dejo estar, con lo que me está costando recuperarme de la contractura, no voy a echar a perder lo poco que la he relajado…
Manual de instrucciones del nacimiento a la adolescencia
Aprovechamos las vacaciones de Pascua para enseñarles a los niños a usar el orinal y sacarles los pañales. A las recomendaciones de la guardería, de amigas y vecinas, les añado la lectura de mi libro de cabecera en referencia a los niños “Tu hijo”, del pediatra norte-americano Dr. Benjamín Spock, en una versión revisada y actualizada por el Dr. Robert Needlmann y que en España publica Ediciones B. Me lo regaló mi madre en el sexto mes del embarazo: “A mí me fue muy bien cuando naciste”, me dijo.
Lo primero que hice cuando lo tuve en las manos fue buscar en el glosario la palabra “homosexual” y ¡oh! Sorpresa no solo recoge que existe otra orientación sexual sino que incluso refleja la existencia, con toda normalidad, que hay familias formadas por dos padres o dos madres. Leer el resto de esta entrada »
En familia somos tod@s
Si Google Analytics no me engaña, desde finales de enero (cuando empecé con esto del SEO) habéis visitado el blog más de 1000 internautas. Y según los comentarios fuera de Red que me llegan, para mi sorpresa, sois muy variados.
Así que hoy propongo que seas tú quien des contenido al post y dejes un comentario con tu nombre (o Nick), edad y qué tipo de familia tienes: “tradicional-tradicional”, “tradicional por adopción”, “tradicional por asistida”, “homoparental por adopción”, “homoparental por asistida”, “homoparental por via tradicional”.. etc
Se abre el telón:
El día de los padres
Hoy, por segunda vez en nuestra corta vida como familia, los niños nos han traído un regalo hecho por ellos en la guardería. Como ellos son dos, mama y mami tenemos uno para cada una. No hace falta que nos disputemos “el regalo del día del padre”. Leer el resto de esta entrada »
La primera vez
La nevada que cayó hace dos dias en Barcelona nos brindó una buena oportunidad para sentarnos en el sofa los cuatro y ver las fotos del nacimiento de los niños y sobre todo, para recordar (¡qué rápido se olvida!) anécdotas.
Como las del día D, el día programado para el nacimiento de los mellizos. Nos habían convocado a las tres de la tarde, fuimos en coche al hospital y, en el parking, cuando intentábamos decidir cual sería la mejor plaza para aparcar, encontramos la peor: chocamos contra la instalación del aire acondicionado y rompimos el parabrisas. Nada que no les pase a cualquier otros padres o madres primerizos…
Mi familia tradicional
Mientras aquí debatimos sobre la traducción de las películas americanas al catalán o al castellano, los americanos siguen colonizándonos y en el estado de Florida pretenden aprobar la concesión de ayudas fiscales a la producción de series de televisión y películas que promuevan valores tradicionales, siguiendo las pautas marcadas por Disney.
¡Qué acierto, qué novedad! Leer el resto de esta entrada »
El orgullo LGTB
A veces cuando explico que soy miembro de la Associació de Famílies Lesbianas i Gais, me preguntan que qué necesidad tenemos las personas homosexuales de ir por la vida con la bandera por delante. Es el mismo tipo de pregunta de por qué organizamos competiciones deportivas LGTB. Sencillamente porque aunque las leyes nos igualan, la sociedad continua instaurada en el heterosexismo paternalista. Y si nosotros/as no nos visibilizamos, pocos nos ven. Antes lo hacíamos el 28 de junio, ahora lo hacemos a diario, sin plumas ni cuero, con una sonrisa de buenos días al entrar en la panadería.









